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-¿Qué te dejó esta primera competencia del año en Encarnación?

-Lo pasé muy bien porque fue mi primer rally al volante del Ford Fiesta R2 turbo. Al principio, fue una oportunidad que prefería rechazar porque era consciente de la dificultad de este evento. Después, las ganas pudieron más y me anoté. El comienzo con la doble pasada por el superespecial nocturno en la Costanera no salió del todo como esperábamos. En la segunda vuelta, un auto de la clase RC3 había sufrido un incidente y se había cancelado esa vuelta para cuando nos tocaba hacerla a nosotros. Nos quedamos con sabor a poco en el pavimento, que estaba muy lindo. La etapa del sábado fue bastante larga, incluyendo el último tramo de cada sección, que no solamente era el más largo de este TransItapúa, sino que presentaba varios obstáculos, como bajadas pronunciadas., curvas ciegas y piedras.

-¿Hay algún momento en particular que recuerdes de esos días que marcaron tu debut nacional?

-Sí. En los kilómetros iniciales de la primera etapa, no podía escuchar las notas de mi co-piloto Fabricio Roca de la emoción que tenía. Ya en el especial siguiente hice un buen tiempo y, quizás algo entusiasmado por eso, en el siguiente me pasé de largo en una curva, perdiendo tiempo valioso. Después de la asistencia, quise acelerar un poco más y los parciales fueron positivos. Adelante de nosotros había un auto accidentado y por esquivarlo le pegamos a una piedra que nos dejó literalmente en llanta (delantera derecha) durante al lo menos ocho kilómetros. Posteriormente, pude bajar considerablemente mis registros anteriores, haciendo que volvamos al parque cerrado realmente contentos. Roca fue vital en llevarme con el ritmo justo e influyó mucho en este lindo resultado.

 -¿Cómo te fue el domingo?

-Para la segunda etapa creíamos que la prueba que la iniciaba, de 23 kilómetros, y después de una jornada anterior en la cual habíamos exigido todos notablemente a nuestros autos, suponíamos que todo iba a ser sencillo, pero despertarme y encontrarme con varios incidentes en el camino y un recorrido extenso no se me hizo sencillo. En un momento, al Fiesta le subió a 120° la temperatura de agua y se protegió, transitando a media máquina por unos 14 kilómetros, que equivalían a una pérdida de siete minutos. Esa fue una decepción grande porque estábamos peleando la punta de la categoría con el Honda de Diego Elizeche. El problema se repitió con alarmas y todo en la especial siguiente, con la consabida merma de rendimiento. Finalmente, una de las vueltas al circuito de Capitán Miranda se nos complicó con un ruido sospechoso y una falla que se hacía cada vez mas notoria. Aunque el domingo no fue redituable como el sábado, el balance general de mi rally solo puede considerarse como un logro en lo personal.  Otros tuvieron peor suerte; sin ir más lejos mi hermano Álvaro, que debió abandonar como tantos. Varios pilotos rápidos desertaron, pero fue bueno al principio haber peleado con gran parte de quienes forman una de las mejores camadas de volantes paraguayos en mucho tiempo. Así, haber sido quinto general entre los vehículos de tracción delantera y segundo de mi clase fue algo más que positivo.